Blog / personal

El blog como espacio para no hablar como LinkedIn

Una nota sobre crear retropipeline.dev, tener un rincón propio en internet y escribir sin sonar como si Recursos Humanos estuviera respirando en la nuca.

Estos días la ansiedad me viene comiendo más de lo normal.

No de una forma particularmente poética ni digna de una gran reflexión sobre la vida adulta. Más bien de esa forma horrible y bastante concreta donde empiezas a pensar en plata, estabilidad, futuro, deudas, alquiler, trabajo, CV, LinkedIn y todas esas palabras que juntas parecen invocar a un demonio de oficina con camisa celeste y taza corporativa.

El trabajo me consume bastante tiempo, y encima tampoco es que viva con esa tranquilidad de “ya, este flujo está asegurado y puedo respirar”. Entonces, como cualquier persona funcional al borde de tomar malas decisiones, me dio por revisar otra vez mi CV, ver qué podía mejorar y meterme a LinkedIn a chequear cómo se está moviendo el mercado.

Grave error.

Porque una cosa es entrar a LinkedIn para buscar oportunidades, revisar perfiles o actualizar un par de cosas. Eso tiene sentido. No voy a hacerme el rebelde diciendo que no sirve para nada, porque lamentablemente sirve. El problema es que, apenas pasas más de cinco minutos ahí, empiezas a sentir que estás caminando por un centro comercial de marca personal donde todo el mundo está sonriendo demasiado.

Y ahí me acordé de por qué nunca he escrito realmente en esa red.

No porque no tenga cosas que decir. Tampoco porque me crea demasiado puro para el mundo corporativo, como si yo fuera un monje digital que vive de commits, arroz y resentimiento. La verdad es más simple: si escribiera ahí como se supone que uno debe escribir ahí, no sería yo.

Tendría que traducir cualquier idea a ese idioma raro donde todo es crecimiento, aprendizaje, oportunidad, gratitud, resiliencia y “seguimos avanzando 🚀”. Tendría que agarrar una experiencia real, con cansancio, dudas, rabia o simple curiosidad, y pasarla por la lavadora de Recursos Humanos hasta que salga oliendo a onboarding.

Y justo en medio de esa mezcla entre ansiedad laboral, revisión de CV y exposición accidental al circlejerk profesional, me vino la brillante idea de escribir este post. Porque sí, también tengo que subir algo al blog este mes y, mientras termino de preparar otras cosas (una nota sobre Advance Wars que todavía no quiero llamar review porque sigo en campaña, y una segunda dev note de futbol-analitico que viene avanzando al ritmo glorioso de “me quiero matar, no tengo tiempo pero bueno ya veremos”), tenía sentido hablar de esto.

De por qué existe retropipeline.dev.

De por qué quería un espacio propio.

Y, sobre todo, de por qué necesitaba un lugar donde pudiera escribir sin sonar como LinkedIn.

El idioma muerto de la marca personal

Hay una forma muy específica de escribir en internet que me genera rechazo físico.

No hablo de escribir mal. Hablo de esa forma de escribir donde todo parece haber pasado por tres filtros de Recursos Humanos, dos rondas de revisión de marca personal y una reunión innecesaria para alinear expectativas. Esa escritura donde nadie está realmente molesto, nadie está cansado, nadie está confundido y todo, absolutamente todo, termina convertido en “un aprendizaje”.

“Hoy quiero compartir una reflexión…”

“Me emociona anunciar…”

“Este reto me permitió fortalecer mis habilidades…”

“Más que una herramienta, la tecnología se trata de personas…”

“Seguimos aprendiendo 🚀”

Ya. Basta.

No porque esté mal aprender cosas, emocionarse o crecer profesionalmente. Tampoco voy a hacerme el edgy diciendo que toda persona que publica en LinkedIn es falsa. El problema es otro: cuando ese tono empieza a tragarse cualquier forma real de expresarse. Cuando hasta decir “hice un proyecto” suena como si estuvieras postulando a una vacante mientras un reclutador invisible te evalúa la respiración.

Y lo peor es que yo tampoco estoy libre de culpa.

La lobotomía corporativa

Durante un tiempo trabajé en consultoría grande. Sí, de esas donde uno aprende bastante, sufre bastante y empieza a desarrollar una relación medio enferma con palabras como “alinear”, “sinergia”, “visibilidad”, “quick win” y “lo vemos en una call”.

Digamos solamente: cough cough EY cough cough.

Esa experiencia me dejó varias cosas. Algunas útiles, claro. Aprendí a trabajar con presión, a documentar mejor, a cuidar cómo comunico algo, a no mandar cualquier barbaridad en un correo donde había veinte personas copiadas y tres niveles jerárquicos observando en silencio como jefes finales.

Pero también me hizo una especie de lobotomía para escribir.

Todo tenía que sonar correcto. Todo tenía que estar medido. Todo tenía que pasar por el filtro mental de “¿esto se ve profesional?”, “¿esto se entiende bien?”, “¿esto puede molestar a alguien?”, “¿este wording está suficientemente limpio?”, “¿estoy sonando como una persona funcional y empleable?”.

Y sí, eso sirve en el trabajo. No voy a hacerme el rebelde absurdo. En un entorno corporativo tienes que comunicar con claridad, cuidar formas y no escribir como si estuvieras peleando en comentarios de Facebook a las tres de la mañana.

El problema es cuando ese tono se te queda pegado.

Cuando quieres escribir sobre un proyecto personal y, sin darte cuenta, empiezas a redactar como si estuvieras haciendo un entregable.

Contexto. Objetivo. Alcance. Herramientas utilizadas. Resultado esperado. Próximos pasos.

Todo correcto. Todo ordenado. Todo muerto por dentro.

No quería otro LinkedIn con skin retro

Parte de la razón por la que hice retropipeline.dev fue justamente escapar de eso.

Quería un espacio propio. Un lugar donde pudiera subir mis proyectos, mis ideas, mis gustos y todas esas huevadas que me interesan sin tener que pasarlas por el filtro del mundo corporativo de mierda. Un sitio donde no tenga que preguntarme si cada cosa “aporta valor”, si “suma a mi perfil” o si puede convertirse en un post con tono de señor que descubrió Docker ayer y ahora quiere dar una charla TED.

Porque esa es otra cosa que me cansa: cómo todo se vuelve contenido profesional reciclado.

Ves posts sobre herramientas, frameworks o conceptos de tecnología que dicen cosas obvias, escritas con una voz tan genérica que podrían haber salido de una IA, de una plantilla o de una persona que lleva seis meses diciendo “data-driven” sin que nadie le pregunte qué significa. Todo es una reflexión. Todo es una lección. Todo es una historia de crecimiento. Todo tiene que cerrar con algo inspirador.

A veces uno solo quiere decir: “esta fuente de datos viene rota, la estuve peleando toda la tarde y ahora odio un poco más internet”.

Y eso también es válido.

Entonces hice este rincón

retropipeline.dev nació porque quería tener algo mío.

No solo un portfolio. No solo una galería de proyectos para eventualmente conseguir una mejor chamba, aunque tampoco voy a fingir que eso no me importa. Claro que me importa. No vivo del aire ni de la satisfacción espiritual de tener commits bonitos.

Pero quería que fuera algo más que una vitrina profesional.

Quería un sitio donde pudiera mezclar data engineering, fútbol, videojuegos retro, consolas, JRPGs, electrónica, dev notes, reviews, ideas raras y cualquier obsesión que se me cruce sin tener que pedir perdón por la mezcla.

Porque sí, aparentemente mi cerebro funciona así.

Un día estoy pensando en pipelines, al siguiente estoy viendo cómo correr algo en una Raspberry, luego me acuerdo de un RPG de PSP que me hizo sufrir como trámite municipal, después quiero scrapear datos de fútbol peruano y más tarde estoy ajustando la estética del sitio para que parezca una mezcla entre una consola de comandos y una computadora abandonada en una oficina donde pasó algo raro.

No es una línea editorial perfectamente limpia.

Y menos mal.

Qué no quiero que sea este blog

No quiero que este sitio sea LinkedIn con estética retro.

No quiero que sea un portfolio corporativo con colores más bonitos.

No quiero que sea un blog de un solo tópico, porque yo tampoco soy una persona de un solo tópico. Hay gente que puede construir toda su identidad en torno a “cloud”, “AI”, “productividad” o “full stack”. Bien por ellos. Yo no puedo. A mí me interesan demasiadas cosas y varias de ellas no combinan bien si las miras desde una lógica de marca personal.

Tampoco quiero escribir posts genéricos.

No quiero hacer el típico artículo de “¿Qué es Docker?” si no tengo nada nuevo, personal o mínimamente honesto que decir sobre Docker. No quiero escribir sobre una herramienta solo para fingir actividad. No quiero publicar una reflexión obvia sobre tecnología y personas como si hubiera descubierto el fuego en una retrospectiva de Scrum.

Y, sobre todo, no quiero que cada cosa que haga tenga que convertirse automáticamente en una pieza optimizada para el mercado laboral.

A veces un proyecto es un proyecto.

A veces una review es una review.

A veces una nota es solo una forma de decir: “estoy intentando no dejar esto botado como todas las otras carpetas llamadas final_final_ahora_si”.

Qué sí quiero que sea

Quiero que retropipeline.dev sea una galería de mis desarrollos, sí, pero también de mi personalidad.

Quiero que se note que detrás hay alguien con gustos específicos, contradicciones, obsesiones y una tolerancia cuestionable a perder tiempo en cosas que quizá no importan tanto, pero igual me importan.

Quiero poder hablar de data sin sonar a brochure.

Quiero poder hablar de videojuegos sin convertir cada texto en una ficha técnica sin alma.

Quiero poder escribir una dev note donde explique qué construí, qué se rompió, qué aprendí y en qué momento sentí que la fuente de datos me estaba mirando a los ojos mientras me mentía.

Quiero poder escribir sobre electrónica, sobre una Raspberry Pi, sobre fútbol, sobre RPGs raros, sobre estética web, sobre proyectos que avanzan lento, sobre cosas que no necesariamente encajan en una sola categoría.

Y quiero que el sitio tenga esa contradicción que me gusta: visualmente oscuro, medio tenebroso, con una estética fija; pero con textos más irónicos, más sucios, más humanos. Como si una terminal vieja, un foro muerto y un blog personal hubieran decidido convivir en la misma habitación sin llamar a un adulto responsable.

No todo tiene que ser una lección

Creo que eso es lo que más me interesa defender acá.

No todo tiene que ser una lección.

No todo tiene que cerrar con un aprendizaje.

No todo tiene que ser una oportunidad de networking.

No todo tiene que transformarse en “lo que este proyecto me enseñó sobre resiliencia, colaboración y pensamiento estratégico”.

A veces algo te gusta porque sí. A veces algo te frustra porque está mal hecho. A veces construyes algo porque te dio curiosidad. A veces escribes porque si no lo haces, la idea se queda pudriéndose en una carpeta, un repo, un bloc de notas o una parte del cerebro donde también viven deudas, pendientes y nombres de funciones que ya no recuerdas por qué existen.

Este blog existe para eso.

Para dejar rastro.

Para tener un espacio propio.

Para no tener que escribir siempre como si Recursos Humanos estuviera respirándome en la nuca.

Si esto empieza a sonar corporativo, fallamos

No sé si retropipeline.dev va a tener una línea editorial perfectamente ordenada. Probablemente no.

Habrá posts técnicos, reviews, dev notes, cosas de fútbol, experimentos, notas personales y alguna que otra idea que quizá no debería haber salido del borrador. Pero mientras todo eso suene mío, mientras no tenga que disfrazarlo de caso de éxito ni cerrarlo con un emoji de cohete, creo que vamos bien.

Porque si algún día este blog empieza a sonar como LinkedIn, fallamos.

Y si algún día desaparece misteriosamente, no fui yo: probablemente los agentes de LinkedIn Premium me encontraron escribiendo sin aprendizaje clave, sin reflexión inspiradora y sin agradecerle a mi red por el apoyo constante.

En ese caso, desconecten el dominio y díganle al host que resistí hasta el final.