Blog / personal
La versión de mí que sirve para trabajar
Una nota sobre crear retropipeline.dev, sentirse fuera de lugar y querer un espacio donde no tenga que fingir para encajar.
Últimamente me está costando bastante sentir que voy por buen camino. Pienso mucho en plata, trabajo, estabilidad, deudas, alquiler, futuro, en si estoy haciendo suficiente y en si todo lo que he hecho hasta ahora realmente me está llevando a algún lado. Sé que tengo trabajo, proyectos y cosas que objetivamente no están mal, pero eso no evita que a veces mire mi vida y sienta que me quedé corto. Que debería estar más adelante. Que debería ganar más, saber más, tener más claro qué estoy haciendo. Y cuando entro a LinkedIn para revisar ofertas, actualizar el CV o simplemente ver cómo está el mercado, esa sensación empeora.
No porque crea que todo lo que aparece ahí sea mentira. Sé que mucha gente realmente está orgullosa de lo que hace y tiene motivos para estarlo. Pero hay algo en ese lugar que me hace sentir todavía más fuera de sitio. Todo el mundo parece saber cómo presentarse, cómo vender lo que hace, cómo convertir cualquier experiencia en crecimiento, aprendizaje, liderazgo, impacto y no sé cuántas cosas más. Yo leo eso y muchas veces no pienso “quiero ser como ellos”. Pienso que no sé hacer eso. O peor: que sí sé hacerlo, porque trabajo en entornos corporativos y conozco perfectamente ese lenguaje, pero me cuesta muchísimo sentir que esa persona que habla así sea yo.
Fingir que todo está bien
Trabajar en ambientes corporativos me enseñó cosas útiles. Aprendí a medir mis palabras, a comunicar mejor, a no responder en caliente, a entender que no todo lo que uno piensa tiene que decirse de cualquier manera. Eso no me parece malo. El problema empieza cuando siento que no solo tengo que cuidar cómo digo las cosas, sino también qué partes de mí son aceptables mostrar. Hay una versión de uno mismo que funciona bien en esos espacios: tranquila, profesional, segura, agradecida, siempre dispuesta a aprender, capaz de convertir cualquier problema en una oportunidad. Y hay días en los que siento que interpreto bastante bien ese personaje.
Lo feo es que a veces termino llevándomelo conmigo después del trabajo. Me descubro escribiendo sobre algo que hice y automáticamente empiezo a limpiarlo. Quito las dudas, quito el cansancio, quito las partes donde algo salió mal, quito cualquier frase que pueda sonar demasiado negativa. De pronto ya no estoy contando lo que pasó, sino redactando una versión de mí que parece más competente, más estable y más fácil de contratar. Y entiendo por qué existe ese juego. Yo también quiero crecer profesionalmente, ganar más y tener mejores oportunidades. No soy ajeno a nada de eso. Simplemente me resulta triste sentir que para conseguirlo tengo que aprender a venderme de una forma en la que no siempre me reconozco.
Sentirme atrás
Creo que parte de lo que me molesta de LinkedIn tiene mucho menos que ver con LinkedIn y mucho más conmigo. Es fácil burlarse del lenguaje corporativo, de los posts de “me complace anunciar” o de la gente que convierte cualquier cosa en una reflexión sobre liderazgo. Pero si soy sincero, lo que realmente me golpea es entrar ahí cuando ya me siento inseguro y encontrar una vitrina llena de gente aparentemente más exitosa, más segura y más encaminada que yo.
Sé racionalmente que estoy viendo una versión seleccionada de sus vidas. Nadie publica “hoy no hice nada porque estoy cansado y no sé qué hacer con mi carrera”. Nadie actualiza su perfil con los meses en los que sintió que no avanzaba. Aun sabiendo eso, compararme me afecta. Veo cargos, certificaciones, ascensos, proyectos, gente hablando con una seguridad que yo no tengo y termino preguntándome qué hice mal. Hay días en los que genuinamente me siento como un fracaso. No de una manera graciosa ni como una frase para hacerme el dramático. Simplemente siento que debería haber hecho más con el tiempo que tuve y que hay una distancia incómoda entre la persona que pensé que iba a ser y la que soy ahora.
Y tampoco quiero convertir esto en la típica conclusión de que “en realidad todos avanzamos a nuestro ritmo” porque no siempre me lo creo. Hay decisiones que pude tomar mejor. Hay cosas que postergué. Hay oportunidades que quizá no aproveché. Tengo defectos bastante claros y no quiero esconderlos detrás de una frase bonita. Pero una cosa es reconocer eso y otra es asumir que, porque no estoy donde quisiera estar, entonces tengo que convertirme en una versión falsa de mí mismo para compensarlo.
Tener principios también incomoda
Hay cosas del mundo profesional con las que simplemente no termino de sentirme cómodo. Me cuesta esa necesidad constante de parecer entusiasmado, de agradecer públicamente todo, de hablar como si cada trabajo hubiera sido una experiencia transformadora y cada problema hubiera terminado en una enseñanza. Me cuesta la facilidad con la que palabras como “cultura”, “propósito”, “personas” o “crecimiento” pueden repetirse incluso en lugares donde, en la práctica, todos sabemos que las decisiones se toman por presupuesto, política interna o conveniencia. No creo que toda empresa sea hipócrita ni que toda persona que usa ese lenguaje esté fingiendo. Sería demasiado fácil reducirlo a eso. Pero sí creo que existe una cantidad enorme de cosas que todos aprendemos a decir porque son las cosas correctas que hay que decir.
Y probablemente lo que más me incomoda es saber que yo también participo de eso. También escribo correos midiendo cada palabra. También digo que algo fue “un reto” cuando en realidad fue una mierda. También sé cómo redactar una experiencia para que suene mejor en un CV. También entiendo cuándo conviene callarse una opinión. No estoy fuera del sistema observándolo con superioridad moral; estoy dentro y hago lo necesario para trabajar. La diferencia es que no quiero terminar creyéndome por completo ese personaje. Hay ciertas cosas que no quiero sacrificar solo para encajar mejor: poder decir cuando algo me parece mal, no fingir entusiasmo por todo, no convertir cada relación profesional en networking y no tratar mi personalidad como otro activo que tengo que optimizar.
Eso a veces tiene un costo. Ser más diplomático, más complaciente o simplemente más bueno vendiéndome probablemente me facilitaría algunas cosas. Y no descarto que tenga que aprender a moverme mejor en esos espacios. Tener principios no significa negarse a adaptarse ni usar la sinceridad como excusa para ser un imbécil. Pero hay una diferencia entre aprender a comunicarte y aprender a fingir. Esa línea no siempre es clara, y últimamente siento que paso demasiado tiempo intentando no cruzarla.
Entonces hice este rincón
Creo que por eso retropipeline.dev terminó importándome más de lo que esperaba. Al principio podía verlo simplemente como un portfolio, un lugar para poner proyectos y tener algo que mostrar. Eso sigue siendo parte del sitio. Sería mentira decir que no me interesa que alguien pueda entrar, ver lo que hago y pensar que quizá sé hacer cosas útiles. Pero si fuera solamente eso, terminaría siendo otra versión del mismo problema: un escaparate donde todo está seleccionado para demostrar que soy empleable.
Quiero que acá pueda haber otra cosa. Quiero escribir de data engineering, fútbol, videojuegos retro, consolas, electrónica, proyectos que salieron bien y proyectos que no llegaron a nada. Quiero poder contar que algo me costó sin convertir el párrafo siguiente en “y gracias a eso desarrollé resiliencia”. Quiero poder decir que una fuente de datos estaba hecha mierda, que abandoné una idea porque no funcionó o que estuve semanas haciendo algo que probablemente no le importa a nadie. No porque ser negativo sea más auténtico, sino porque esas cosas también forman parte de hacer cosas y de ser una persona.
También quiero que este sitio me permita dejar registro de una etapa en la que no tengo todo resuelto. Quizá dentro de unos años lea esto y piense que estaba exagerando. Quizá no. Pero prefiero tener un lugar donde pueda escribir lo que realmente pensaba a terminar construyendo otra cronología perfectamente limpia de proyectos, puestos y aprendizajes. Ya tengo un CV para eso.
No quiero venderme acá
No tengo una gran conclusión para todo esto. Sigo queriendo mejorar profesionalmente. Sigo queriendo ganar más, aprender más, conseguir mejores oportunidades y dejar de sentir que estoy corriendo detrás de algo que nunca alcanzo. Y seguramente voy a seguir entrando a LinkedIn, actualizando el CV y participando de muchas de esas dinámicas que me incomodan, porque también forman parte de la realidad en la que trabajo.
Pero no quiero que todo espacio de mi vida funcione de esa manera. No quiero tener que demostrar constantemente que estoy creciendo, que soy productivo o que cada cosa que hago tiene algún valor profesional. Y, sobre todo, no quiero escribir acá pensando en qué versión de mí sería más fácil de aceptar.
No sé si eso va a hacer de retropipeline.dev un buen blog. Tampoco sé si algún día voy a mirar mi carrera y sentir que finalmente hice suficiente. Ahora mismo no me siento particularmente exitoso y hay bastantes cosas de mí que quisiera cambiar. Pero todavía hay algunas que no quiero cambiar solo para resultar más conveniente.
Supongo que este sitio existe, al menos en parte, para acordarme de eso.